
El patio de mi casa es mágico,sí, sí, mágico. Hay días,
cuando la silueta de las enredaderas toca la punta del marco de mi ventana, que
se transforma en un barco pirata en el que viajar a lugares lejanos y
misteriosos. Otras veces, cuando la veleta que adorna los geráneos se apoya en
banco de piedra a descansar, los aromas que envuelven el aire me acompañan a
selvas frondosas plagadas de animales salvajes. En ocasiones, cuando las ondas
de las tejas se sitúan como sombreros sobre la jardinera de las fresas, las
imperfecciones de sus paredes se transforman en las grietas necesarias para que
manos y piernas escalen por montañas sin fin. A veces, esa magia se termina, y la tristeza y
el aburrimiento cubren mi patio, entonces, saco del baúl de los juguetes una
nueva caja de tizas de colores y se las coloco en las manos a mis hijas, sin
más, los sueños regresan.
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