Tu boquita pequeña, de labios finos y sonrosados, dibuja mi pezón con
ansiedad. Necesitas alimento, tu pequeño mundo, cálido y acogedor, desapareció
hace una hora y el sabio instinto te guía hacia mi pecho. El sonido rítmico de
mi corazón, tu canción de cuna durante nueve meses, te ayuda a sentirte segura
y a salvo. Tus frágiles manitas, de dedos largos y arrugados, palmotean el aire
sin cesar. La piel morada de tu rostro refleja el esfuerzo necesario para
alcanzar el refugio de mis brazos. Por fin puedo disfrutar de tu fragancia y
contemplar tu diminuto cuerpecito acurrucado a mi lado.
Acaricio el contorno de tu rostro con la yema de mis dedos, mientras
memorizo cada pliegue de tu menudo cuerpo. Un escalofrío recorre mi espalda, al
sentir como tu fina piel reacciona a mis mimos, acercándose un poco más a mi
pecho. Apenas creo lo que mis pupilas contemplan. El sueño, que durante años
perseguí, convertido en realidad. Las horas de insomnio dibujando tu carita en
mi mente, imaginando tu voz, tus ojos, acariciando mi tripa para transmitirte
mi amor, mi deseo de conocerte, de cuidarte y de protegerte de cualquier dolor
o tristeza, forman parte del pasado, de los recuerdos. La larga espera, plagada
de dudas, miedos, deseos, sueños, inquietudes, molestias y alguna lágrima
descontrolada, terminó.
Saciado el apetito, el cansancio del viaje vence tus deseos de explorar
el nuevo mundo, tus puños se repliegan, tus piernas se encojen, regresas a la
postura en la que te sientes cómoda y segura. Tus ojos se cierran, tu
respiración se torna cadenciosa y relajada. Yo apenas me atrevo a pestañear,
temo que, si cierro los ojos, mi pequeño milagro desaparezca y me despierte sin
tenerte a mi lado. Duerme, pequeña, descansa tranquila que yo velaré tu sueño.
Reposa a mi lado, siente mi calor. No sufras, mi amor, mamá está contigo; pase
lo que pase, siempre estará contigo. Juntas celebraremos el aniversario de tu
llegada.
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Alson